Hepatitis C. ¿Realidad o Invento?


Revista «Memorándum». Número 10, invierno de 1997/1998.

Padre César Fernández de la PradillaDespués de haberse publicado en el número precedente de MEMORANDUM el sugestivo cuento: «El reino envenenado» por el que se entrevé el poder apabullante de los «sistemas de decisión» sobre la población indefensa, en lo que a enfermedades y remedios se refiere, yo quisiera ser más concreto respecto de la denominada HEPATITIS C, antes no-A, no-B.

Ya desde los años 80, al discutir entre colegas, teníamos muy claro que el origen de esta hepatitis era tóxico (alcohol), bautizado como HEPATITIS C porque, «finalmente», se habría descubierto el virus que la causa. Yo no soy quién para pronunciarme sobre la autenticidad de ese supuesto virus. Me fío del reputado virólogo alemán STEFAN LANKA quien ha demostrado que el virus de la HEPATITIS C no existe. Lo que sí existe en ciertos organismos son proteínas estresadas, moléculas o trozos de ARN provenientes de múltiples virus, o lo que es más probable, de nuestro propio material genético estresado.

Los tests actuales no detectan ningún virus sino la presencia de ciertas proteínas anómalas que se interpretan errónea o tendenciosamente como pertenecientes a tal o cual virus. ¡Nada!, que es lo mismo que está ocurriendo con el SIDA: que no hay virus VIH y que los tests solo evidencian proteínas anómalas.

En general, cuando un paciente viene con un diagnóstico de HEPATITIS C, tiene una deficiencia hepática; pero a veces ni eso. No es el hígado el responsable sino los riñones, lo cual nos lleva a concluir que los tests hepáticos no son tan fiables. Me imagino que el proceso es el siguiente:

  1. descubren en el «señor X» unas transaminasas elevadas.
  2. suponen que estas transaminasas vienen del hígado.
  3. indagan por ver si se trata de una hepatitis A o B y ante la negativa concluyen que es la «C».

Digo esto porque hemos tenido varios casos diagnosticados de HEPATITIS C con transaminasas elevadas en los que hemos constatado el buen funcionamiento del hígado pero el mal funcionamiento de los riñones. Sin dar ningún tratamiento para el hígado pero sí para los riñones, hemos constatado que las transaminasas se normalizan, lo cual nos lleva a concluir:

  1. que hay diagnósticos de HEPATITIS C erróneos, en el sentido de que el hígado carece de patología y,
  2. que unos riñones deficientes pueden hacer subir las transaminasas, lo que no se tiene en cuenta en la actual práctica médica.

En los pacientes de HEPATITIS C en los que constatamos una deficiencia hepática y renal con transaminasas elevadas, éstas no se suelen normalizar hasta que los riñones funcionen correctamente, a veces al cabo de varios meses.

Los médicos hospitalarios dirán a un paciente diagnosticado de HEPATITIS C que tiene un 20% de posibilidades de desarrollar una cirrosis y posteriormente un cáncer de hígado. Pero algún médico va más allá. Uno afirmó a uno de nuestros pacientes que desarrollaría una cirrosis y un cáncer. Este paciente nos confesó: «Si no fuera porque soy creyente me hubiera suicidado ante ese veredicto».

Nosotros que tratamos con gente no solo del Estado español sino de América, África, Europa, todos nos dicen lo mismo: «Me han diagnosticado una HEPATITIS C y el médico me dijo que podía degenerar en cirrosis y cáncer. Me hicieron una biopsia y me dieron «interferon»». Que todos los médicos del mundo reciten la cartilla uniformemente ante un caso de HEPATITIS C no es casualidad. Responde a una estrategia lanzada desde Estados Unidos para vender el «interferón» y pronto otro antivírico asociado. Cada paciente que acepte el tratamiento ingresará en las arcas de los «tan necesitados» Estados Unidos aproximadamente un millón de pesetas al año.

¡Pero si realmente el «interferón» curara!, hace más de 10 años que se está utilizando y su eficacia en la HEPATITIS C está todavía por demostrar. Por lo menos a los cientos de pacientes que nos visitan no solo no les ha ayudado sino que muchos sufren de sus efectos secundarios. Todos nos preguntamos: ¿Cómo es posible que un producto tan caro e inútil se mantenga en el mercado durante tanto tiempo?. La respuesta es fácil de encontrar. ¿Sabéis que los beneficios a los tratamientos de la HEPATITIS C superan ya 20 veces a los del sida?.

De seguir así, dentro de unos años media humanidad será declarada seropositiva respecto al virus de la HEPATITIS C. Ya no interesará el SIDA como fuente de ingresos y por tanto podrá ir desapareciendo. Los débiles estados manipulados por las multinacionales tendrán que dedicar cada vez más fondos a sanidad… hasta que se produzca un «crack» o se descubra el fraude.


(A propósito de una hepatitis C).

Una paciente
cuenta.

Antes de comenzar he de decir que como esta señora no he encontrado muchas. Tiene la carrera de Magisterio pero no ejerce y enseña piano. Presenta buen aspecto y aparentemente no se la consideraría enferma.

Sus síntomas son los siguientes: cierto cansancio; a veces cefáleas pasajeras; molestias en zona lumbar; dificultad en conciliar el sueño; hormigueos y manchas en piernas; dos dedos de la mano empiezan a deformarse. En años pasados tuvo cistitis de repetición y litiasis.

Se le ha detectado una hepatitis C desde hace 15 años. ¡Pero si hace 15 años todavía no se había descubierto el virus C!, le dije. Bueno -respondió ella- entonces se le llamaba no A no B.

Ahora le diagnostican una hepatitis C crónica.

Le propusieron hacerse una biopsia pero ella se negaba, intuyendo que no le iba a servir para nada. Ante los ruegos de su familia tuvo que ceder y someterse a ella y lo pasó muy mal. Juró que, en adelante, pasara lo que pasara, ya no se la haría más.

Después de la biopsia le propusieron el «interferón». Como consecuencia de la primera inyección tuvo una reacción brutal: todo el cuerpo se le hinchó y se le puso rojo, las manos se le agarrotaron, tenía dificultad en respirar y el corazón le latía tan fuerte que hasta acostada su cuerpo daba saltos al ritmo cardíaco. Tuvo que ser ingresada en urgencias. Notificó lo sucedido a su médico, quien en vez de consolarla y animarla le riñó y la responsabilizó de lo sucedido por estar mentalizada que el «interferón» le sentiría mal. Su médico le advirtió que el 20% de los casos se maligniza, que puede degenerar en cirrosis o en cáncer pero le respondió: «¿y por qué quiere Ud. que me sitúe en el grupo de los 20%?. Yo seré de los 80% y seguiré bien!».

No pudiendo recibir el «interferón» se le recomendó que estuviera en cama las 24 horas del día, a lo cual también se negó. «¿Cómo es posible que una mujer tan activa como yo, con cuatro hijos, y sin dolencias aparentes me quede inmovilizada de continuo?. Entonces sí que me hubiera entrado una depresión a fuerza de pensar en mi estado y hubiera sido mil veces peor para mí!».

De mi reconocimiento he deducido que su problema no le provenía del hígado (¡oh, sorpresa!) sino de los riñones. De hecho, los síntomas actuales apuntan más a una patología renal que hepática: molestia en zona lumbar, insomnio, hormigueos y manchas en piernas y deformación de dedos por una acumulación de toxinas que los riñones no han sido capaces de expulsar!

El tratamiento que recibe se encamina a remediar una deficiencia renal importante, probablemente desde hace muchos años. Le calculo que los riñones le funcionan al 50% en tanto que el hígado al 80%.

Conclusión: hay personas que a pesar de no tener una información especial, intuyen lo que les conviene. Ella no era favorable ni a la biopsia, ni al «interferón», ni a considerarse en los 20% de casos problemáticos. Ha adoptado una posición optimista que la ha mantenido en buen estado relativo.

Padre César Fernández de la Pradilla.
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