La tierra de los gurises envenenados


Argentina-evenenamiento-ninos

Por Silvana Melo, Pelota de Trapo, julio de 2014

Cuando se murieron los perros y José había perdido la alegría de siempre, corrieron malos presagios en la chacrita humilde de los Rivero. A quince metros, llovía periódicamente una nube de fuertes olores sobre los tomatales. La deriva cubría la casa, la ropa tendida, el cuero de los animales, la piel y el cabello, la tierra que a José le gustaba llevarse a la boca mientras jugaba, libre, en un campo traicionero. Tenía cuatro años.

Se murió envenenado. Había fosforados en su cuerpo. Hace días, horas, la Justicia absolvió por “falta de méritos” al dueño del campo. Alguien asesinó a José Rivero pero nadie irá a la cárcel.

Bovril tiene 14.000 habitantes y está muy cerca de Paraná. Desde que cambió su perfil productivo, la gente comenzó a enfermarse distinto. La ampliación de la frontera agrícola, empujada violentamente por la soja y las alteraciones genéticas, disparó las muertes por cáncer en los últimos quince años. Atrás quedaron, muy lejos, los infartos y ACVs. En esos mismos quince años –entre 1995 y 2010- aumentaron exponencialmente las pérdidas espontáneas de embarazos y las malformaciones. Todas las barras de los gráficos tocan las nubes entre 2005 y 2009.

Bovril es la Capital Provincial del Gurí Entrerriano. En su territorio confluyen los gurises una vez por año y son celebrados. Después, se los fumiga en chacras y escuelas rurales.

“Bovril no tenía casos de hipertiroidismo, cánceres o pérdidas de embarazo hace más de una década. Algo similar pasó en el estudio que hicimos en Totoras (Santa Fe), otrora capital nacional de la leche, que hoy a su alrededor, ya no tiene tambos. Hizo el mismo cambio de perfil epidemiológico que la ciudad entrerriana”, dijo el Dr. Damián Verzeñassi, responsable académico de los campamentos sanitarios de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional de Rosario.

La soja en proceso de transgénesis ocupa el 60% del área sembrada del país. Son 20 millones de los 35 millones de hectáreas cultivadas. Se desforesta una hectárea cada dos minutos para ampliar la frontera agrícola.

400 millones de litros de agrotóxicos se utilizan en cada campaña, alrededor de unos 15 millones de personas. Las malezas caen fulminadas. Y los pájaros y los peces. Muchas veces también la gente, como José Rivero y Nicolás Arévalo (cuatro años) en Lavalle, Corrientes; como los tres primitos Portillo en El Tala,

Entre Ríos; como Ezequiel, en el establecimiento Nuestra Huella, en Pilar. Todas yerbamalas que ensucian el negocio. Darío Gianfelici es médico en un pueblito de campaña en Entre Ríos. “A fines de los ´90 empecé a notar cambios en el perfil de las enfermedades de los pacientes. Y comencé a investigar para ver qué había cambiado”, relató a APe.

En 1996 irrumpió la soja transgénica en la Argentina. Felipe Solá firmó la autorización a través de un expediente administrativo de 136 folios. 108 son informes presentados por Monsanto en inglés (Safety, Copositional and Nutricional Aspects of Glyphosayte-tolerant Soybeans). El apremio fue tal que nadie los tradujo. Probablemente ni los leyó. En 81 días se ponía en marcha la carrera infernal de la transgénesis, la ampliación de la frontera agraria a costa de pequeños pueblos, de animales, de gentes y de bosques que acolchonan las tormentas y respiran para todos.

Leer texto completo de dos páginas en: http://millonescontramonsanto.org/la-tierra-de-los-gurises-envenenados/

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s