Comunicado de la Fundación La Luciérnaga


fundación la luciérnaga
ANTE LOS TERRIBLES Y DOLOROSOS HECHOS VIVIDOS EN NUESTRA CIUDAD DURANTE LA NOCHE DEL 3 DE DICIEMBRE Y LA MADRUGADA DEL 4, EN LA LUCIÉRNAGA HEMOS DECIDIDO AGREGAR UN PLIEGO EXTRA A LA EDICIÓN QUE ACTUALMENTE SE ENCUENTRAN VENDIENDO LOS CANILLITAS EN LAS CALLES CORDOBESAS.

CREEMOS QUE ES URGENTE LLAMAR A LA REFLEXIÓN Y A LA TOLERANCIA PARA COMBATIR LA CULTURA DEL MIEDO Y LA VIOLENCIA QUE ÉSTA SIEMPRE CONLLEVA.

HOY MÁS QUE NUNCA NECESITAMOS DE SU AYUDA Y SU APOYO PARA PROTEGER LA FUENTE DE TRABAJO DE QUIENES TODOS LOS DÍAS SE LEVANTAN TEMPRANO PARA TRABAJAR Y ASÍ PODER LLEVAR EL PAN A SUS FAMILIAS.

CONTAMOS CON USTEDES, COMO SIEMPRE.

A CONTINUACIÓN, ALGUNOS DE LOS TEXTOS QUE INCLUIMOS EN ESTE PLIEGO EXCEPCIONAL QUE ACOMPAÑA AL NÚMERO DE NOVIEMBRE Y LA ILUSTRACIÓN QUE A ÚLTIMA HORA DE AYER NOS HIZO LLEGAR EL AMIGO CHUMBI.

GRACIAS A TODOS, DE CORAZÓN.

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Por Juan Federico.

¿Quién es el otro? ¿El enemigo al que es necesario exterminar? ¿O la cara que nos devuelve el espejo? ¿Es mejor depositar en él nuestras miserias como sociedad o hacernos cargos de las fallas de un tejido cada vez más carcomido?

Córdoba ha vivido, una vez más, jornadas históricas. Todos los cordobeses recordarán por siempre cómo sufrieron la noche del martes 3 de diciembre y la madrugada del miércoles 4. Una protesta policial por mejora de sueldos, un reclamo digno y justificado, derivó en un acuartelamiento que dejó a los vecinos librados a su propia suerte.

Los saqueos comenzaron el martes a la tarde y ya a la noche se vivieron escenas dramáticas. Tremendas de comprender y analizar. ¿Acaso los cordobeses necesitamos de un policía armado en cada esquina para no robarnos? ¿O es que hubo algún aditamento extra que propició esta escalada inusitada de saqueos?

El miedo es nuestro peor enemigo, porque nos deja sin razón y nos empuja a la irreflexión. Sólo así se entiende cómo los discursos discriminadores, sin sentido, coparon la boca de muchos cordobeses. Creer que todos los que iban a saquear eran jóvenes morochos de barrios marginales es una reducción tan absurda como peligrosa. No sólo por el enorme prejuicio que deja al descubierto la chatez educativa de una sociedad en su conjunto, sino también por la absoluta falta de sentido a la hora de intentar pensar esta crisis inédita que sacudió a la provincia.

Entre los que fueron a robar había, según se observaron en las abundantes imágenes, jóvenes marginales y vecinos de un buen pasar económico. No se trató de un ejército de desesperados de una sola clase socieconómica. Fue una sociedad, en su conjunto, la que dejó ver sus fragmentaciones y, sobre todos, sus limitaciones para construir un contrato social sólido. Que dejó al descubierto sus carencias educativas, culturales y de valores, que son muy distintas a las del bolsillo. Que nos enrostró, una vez más, lo caro que se pagan décadas de dejadez en las políticas públicas.

El conflicto policial, que se tornó social como todo lo que al ámbito policial se refiera, tiene raíces profundas que bien vale la pena atender antes de reducir las reacciones a variantes discriminatorias de nula capacidad intelectual.

¿Por qué el gobernador José Manuel De la Sota se subió a un avión rumbo a Colombia el martes a las 2 de la madrugada, justo a la misma hora en que el CAP del Distrito 5 comenzaba a acuartelarse?

Cualquiera de las posibles respuestas desalientan en las expectativas de que algo cambie para mejor.
¿Qué poder de inteligencia y comunicación maneja el Gobierno que no pudo prever, en el mejor de los casos, un conflicto que hace mucho tiempo le picaba en las narices?

El jueves anterior, un grupo de mujeres, familiares de policías, tomaron durante unas horas el hall de la Jefatura de la ciudad de Córdoba, y le transmitieron a la Plana Mayor un reclamo que se resumió en tres puntos: aumento salarial, bono de fin de año y que se limpiara el nombre de los uniformados.

“Queremos que se deje en claro que no son todos corruptos”, dijo una de las que encabezaba las manifestaciones.
De esta manera, los policías de menor rango, aquellos que realizan tareas operativas, buscaban despegarse de los involucrados en el narcoescándalo. No había discursos de defensa corporativa, sino que pretendían que se diferenciara a unos de otros.

La crisis de imagen de la Policía cordobesa es hoy muy profunda, ya que se ha trasladado puertas adentro. Entre otros cuestionamientos, entre los efectivos corrió gran indignación cuando Rafael Sosa (exjefe de Lucha Contra el Narcotráfico) y Gustavo González (de Inteligencia de Drogas Peligrosas) fueron detenidos e imputados. La bronca no fue porque quedaran presos, sino porque ellos han sido parte de un grupo selecto de policías cordobeses que durante años fueron premiados con viajes de capacitación al exterior y viáticos. “Ellos, los que nos hicieron quedar mal a todos, eran los agasajados”, fue, en resumen, el reproche que empezó a correr de boca en boca.

Por ello, al advertir que los que eran presentados como “ejemplos” hoy aparecen lejos de serlo, la legitimidad interna quedó pendiendo de un hilo tan delgado como para permitir que luego de ocho años, otra vez los policías cordobeses se animaran a exteriorizar sus reclamos de siempre.

Fue un punto de un caldo de cultivo mayor. A esta altura, es conveniente advertir que la Policía se ha constituido en Córdoba, al igual que en Santa Fe, en una fuerza política autónoma, con una gran capacidad de generar crisis que pueden desestabilizar al Gobierno de turno. Sin miramientos hacia el nuevo jefe ni hacia la nueva ministra, dos actores que han quedado casi como de reparto.

Cuando el miércoles 4 se sentaron en la mesa de negociaciones, el Gobierno de Córdoba sabía que ya era muy tarde para intentar algo. Los vecinos no iban a resistir otra noche igual a la anterior. Sólo tenía que ceder. En varios barrios, el rumor deba cuenta que fueron policías los que advirtieron a los jóvenes que esa noche todo quedaba liberado.

Antes, con el narcoescándalo de septiembre, la fuerza ya había alardeado de su capacidad de generar caos. Una disputa interna, silenciosa pero virulenta, terminó por descabezar a quien tenía la batuta política de la Policía, Alejo Paredes. El Gobierno pagó un alto costo eleccionario.

Hoy, actores silenciosos son los que se están encargando de mover los hilos internos de la institución como fuerza política de choque.
El Estado dejó, durante décadas, crecer un monstruo que ahora se le ha venido encima. Mientras tanto, los cordobeses ya saben que de ahora en más son rehenes de disputas ajenas.
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Por Luis Ulla
Toda la Argentina es Córdoba
Aunque volviera la tranquilidad en unas horas, quedó claro donde estamos parados como país y como sociedad…cultivar la mentira, la demagogia, el oportunismo, el odio, la división, la corrupción, no dialogar, manipular la información, esconder la desocupación, dando pan y circo a un pueblo que acrecienta si ignorancia, dejando a los jóvenes la droga y la marginalidad como futuro = desenfreno + anomia + desesperación + individualismo + necedad política + cinismo generalizado + pérdida de la cultura del trabajo + impunidad criminal + impunidad judicial + erosión del capital social. 30 años democracia sin ética son un récord que nos trajo hasta aquí. ¡Toda la Argentina es Córdoba!

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NEGRO DE MIERDA

Este texto fue ampliamente compartido en las redes sociales y representa el pensamiento al que realmente le tenemos miedo desde La Luciérnaga. Caldo de cultivo para la criminalización indiscriminada de la pobreza. Una nueva tragedia después de la tragedia.

“Querido negro de mierda: ahora entendés porque te trato así, ahora entendés que somos diferentes, entendés porque te quiero ver romperte la cabeza cuando vas en tu moto, cuando me querés limpiar un vidrio. No es por tu color de piel, sos una rata y eso no se maquilla, anoche te dejaron la ciudad y que hiciste… la rompiste y maltrataste a su gente, robaste y no era comida, mañana cuando esto pase voy a seguir marcándote con un dedo señalándote y diferenciándote como el negrito de mierda e que sos. Porque no vales ni un solo derecho humano y nunca lo valiste.
Te deseo un verano caluroso, ni un peso para el vino y una bala en la cabeza”.

 

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